El hijo del elefante. Cuento para niños de Ruydard Kipling

Cuento infantil sobre cómo el elefante consiguió su trompa


Publicado por Alba Caraballo, editora de Conmishijos.com
Creado: 4 de noviembre de 2020 11:42 | Modificado: 1 de junio de 2023 16:06


Este cuento para niños, El hijo del elefante, fue escrito por Ruydard Kipling y fue publicado por primera vez en el Ladies Home Journal, en abril de 1900. Posteriormente pasó a formar parte de sus famosos "Cuentos de así fue" (Just so Stories). 

Este relato trata de explicar de una forma muy divertida e ingeniosa por qué los elefantes tienen la nariz tan larga, para ello recurre a un pequeño elefante, con una curiosidad tan grande que nunca paraba de hacer preguntas.  

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Cuento: El hijo del elefante o por qué los elefantes tienen trompa

El hijo del elefante. Cuento para niños de Ruydard Kipling

En tiempos remotos el elefante no tenía trompa, solo poseía una nariz oscura y curvada del tamaño de una bota. Movía su nariz de un lado a otro pero le resultaba imposible agarrar nada con ella. Este elefante tenía un hijo que tenía una insaciable curiosidad por todas las cosas. Constantemente estaba haciendo preguntas y a todos molestaba con esa insaciable curiosidad.

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Preguntaba a su tía la avestruz porque le crecían las plumas de la cola.

Preguntaba a su otra, la jirafa porque tenía tantas manchas en la piel.

Molestaba también con sus preguntas a su rechoncho tío el hipopótamo para saber por qué tenía los ojos tan rojos.

Del mismo modo preguntaba a su peludo tío el mandril porque eran tan dulces los melones.

Todos le apartaban molestos por sus preguntas, pero y el elefante seguía lleno de curiosidad.

Una luminosa mañana al comenzar el verano el hijo del elefante hizo una pregunta que hasta entonces no había formulado:

- ¿Qué come el cocodrilo? Su padre y su madre lo hicieron callar, pero el elefante fue al encuentro de un pájaro que estaba posado en la rama de un espino.

- Mis padres me mandan callar, pero quisiera saber que come el cocodrilo, dijo el elefante.

El pájaro le sugirió que se fuera a las orillas del gran río, uno con las aguas verdosas y grises para encontrr la respuesta.

A la mañana siguiente el hijo del elefante recogió 50 kilos de plátanos y 50 kilos de caña de azúcar y gran cantidad de melones para el viaje y se despidió de todos sus familiares para ir  hacia el gran río.

En su camino fue comiendo melones y cuando caía la cáscara la dejaba en el camino porque no podía levantarla. En su camino, encontró una serpiente: 

- Perdone a usted, le dijo el elefante, ¿ha visto por estas regiones una cosa llamada cocodrilo?

La serpiente boa se desenroscó de la rama en la que descansaba y con la punta de su cola le dio un empujón. El elefante, siguió su camino comiendo melones y tirando la cáscara por allí hasta que pisó lo que creyó que era un tronco en la misma orilla de las aguas verdosas y grises del gran río. Aquello, no era ni más ni menos que el cocodrilo.

- Perdone usted, le dijo el elefante, ¿ha visto por estas regiones una cosa llamada cocodrilo?

El cocodrilo guiño su ojo y levantó un poco la cola que tenía hundida en el barro y el hijo del elefante se echó hacia atrás a toda velocidad pues no quería que nadie volviera a golpearlo.

- ¿Por qué preguntas eso?, dijo el cocodrilo.

- Mi padre, mi madre ,mis tías el avestruz y la jirafa, mis tíos el hipopótamo y el mandril y también la serpiente boa de dos colores me han pegado por mi insaciable curiosidad, por eso me alejo de usted para no recibir más azotes.

- Acércate pequeño, le dijo al cocodrilo, pues el cocodrilo soy yo. Y en ese momento empezó a derramar lágrimas de cocodrilo para demostrar que era verdad lo que afirmaba.

- ¿Y podría deicirme qué es lo que come?, preguntó.

- Acércate pequeño, dijo el cocodrilo, te lo diré al oido. El elefantito puso la cabeza junto a la boca de grandes colmillos del cocodrilo y el cocodrilo lo agarró por la nariz que hasta aquel día tenía el tamaño de una bota. 

El elefante comenzó a tirar haia atrás con toas sus fuerzas, se agarró al suelo fuertemente coon sus pequeñas posaderas y tiró y tiró y volvió a tirar con toda su fuerza hasta que su nariz empezó a alargarse.

El cocodrilo daba coletazos en el agua haciendo espuma como si su cola fuera un remo y el hijo del elefante seguía tirando y tirando. Cuando el hijo del elefante se dio cuenta de que sus patas le resbalaban en el barro, su nariz ya media ya casi un metro y medio.

La serpienteboa llegó hasta la orilla y viendo lo que ocurría, se enroscó con doble vuelta en las patas de atrás del elefantito y tiró ella un poquito también. Finalmente, el cocodrilo soltó la nariz del elefante y, éste agradecido, sonrió a la serpiente boa, envolvió su nariz en cáscaras de banana y la sumergió en las aguas verdosas grises y frescas del gran río.

Sin embargo, la nariz no se le acortó ni un poquito, porque al tirar con tanta fuerza se le había convertido en una auténtica y verdadera trompa igual a la de los elefantes de hoy. 

¿Qué haría con una nariz tan grande? Pue bien, casi sin darse cuenta el elefantito levanto su trompa y con ella espantó a una mosca que acababa de posarse en su lomo,  luego sintió hambre, alargó la trompa, y agarró un buen puñado de hierbas, lo sacudió para quitarle el polvo y se lo llevó a la boca, y como tenía calor, sin pensar en lo que hacía, vio una buena cantidad de barro de la orilla del río y lo derramó por su cabeza con su trompa.

Feliz con su nueva nariz, el hijo del elefante regresó a su hogar balanceando continuamente la trompa, cuando quería comer alguna fruta, la arrancaba del árbol en vez de esperar a que se cayera y durante todo el viaje se dedicó a recoger todas las cáscaras de melón que él mismo había tirado, porque era un paquidermo muy limpito.

Por fin llegó a su casa, curvó la trompa hacia arriba e hizo sonar su gran trompa. Todos se alegraron mucho al verle pero en seguida, fueron a darle una reprimenda. Antes de que ninguno pudiera empujarle o darle un coscorrón, alargó su trompa y les dejó tendidos de un trompazo.

Después de unos días, los otros elefantes descubrieron que la trompa resultaba muy útil, y uno tras otro a buen paso marcharon hacia las orillas del río de aguas verdosas y grises qpara conseguir una nariz tan larga como la del hijo del elefante.

Desde aquel día, todos los elefantes que verás en la vida y los que no podrás ver, tienen una trompa exactamente igual a la de aquel elefantito insaciablemente curioso.

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Comentarios (2)

22 jun 2021 08:23 Emilio

Hola, os recomendaría que subieses el cuento de Rudyard Kipling llamado El origen de los armadillos.

15 abr 2021 04:32 Lourdes

Excelente me encanto!